La pura puntita: Esquirlas

por Óscar David López

Noviembre 19, 2014

Luis Panini nació en Monterrey donde hizo una licenciatura en arquitectura. Emprendió su carrera literaria al emigrar a Estados Unidos desde donde publicó dos libros de cuentos en México: Terrible anatómica (2009) y Mala fe sensacional (2010). Recientemente acaba de lanzar Esquirlas (2014), su primera novela, editada por el sello independiente 27 Editores. Platicamos un poco sobre este nuevo libro. 

VICE: ¿En tu opinión, Esquirlas es una novela autobiográfica?

 Luis Panini: Esquirlas es un texto de corte autobiográfico, aunque yo no soy el protagonista, sino una mujer que está a punto de morir. El libro toma como punto de partida una llamada telefónica que me perturbó y fue el detonante principal que un año más tarde me obligaría a escribir este libro. En realidad, se trata de una memoria, pero este género en Latinoamérica no cuenta con el mismo poder de seducción que en Estados Unidos o muchas naciones europeas. La mayor parte de los sellos editoriales se espantan al escucharlo porque inmediatamente presuponen una difícil comercialización (no fue el caso con 27 Editores). Ahora, desde un marco teórico posmoderno, Esquirlas es una novela. Todo cabe en ese baúl. La posmodernidad casi nunca discrimina.

¿La escritura es una forma de cruzar el duelo?

 Hasta hace algunos años me parecía ridículo pensar que la escritura podía ser un vehículo catártico para sacudirte emociones incómodas. Sin embargo, mi opinión es muy distinta el día de hoy. La muerte de la protagonista se convirtió en una especie de piedra anquilosante que me acompañaba a todos lados. Su peso se volvió insoportable. No fue sino hasta que terminé de escribir el libro cuando comencé a sentirme mejor. Es algo tan cursi, pero tan real.

Me gusta la inclusión de diversos documentos en la novela, como son correos electrónicos, actas médicas, una nota de despedida, entre otros. ¿Cómo hiciste para que el tono del libro se mantuviera a pesar de esas voces que venían desde fuera del texto, de la voz narradora?

 Supongo que esa homogeneidad se deriva de mi propia voz narrativa y no de una cuya confección tenga un propósito literario evidente. En mi escritura tiendo a evitar expresiones idiomáticas que pudieran estar vinculadas con una especificidad geográfica, es decir, no favorezco el uso de una lengua vernácula, plagada de regionalismos, a menos que lo considere imprescindible para el desarrollo de un personaje. En el caso de Esquirlas, por tratarse de un texto de corte autobiográfico, la voz es fiel a mi manera cotidiana de hablar (por lo menos cuando estoy de visita en el país). Quizá esta neutralidad encuentra origen en el hecho de que llevo más de 15 años fuera de México y no cuento con acceso inmediato a esa riqueza lingüística tan característica de una región.

Comparando Esquirlas, tu primera novela, con tus anteriores trabajos que son dos libros de historias cortas, ¿cómo fue el proceso de escritura? ¿Más agotador, con mayor amplitud de profundizar en personajes o situaciones en relación a lo acotado de una narrativa breve?

 Siempre me he referido a Esquirlas como un "libro que se me cruzó" porque no tenía planeado escribirlo, ni siquiera después de esa llamada telefónica que mencioné. No fue sino hasta un año después cuando comencé a escribir algunos fragmentos. A los pocos días sospeché que el material podía extenderse si conseguía, hasta cierto punto, orientar el cauce de un manojo de recuerdos que no obedecían un orden cronológico. La intención fue crear un texto que no sólo tuviera sentido para el lector, sino la capacidad de contar un historia de principio a fin, a pesar de tratarse de una tan fragmentada. Este es un paralelismo que Esquirlas mantiene con mis dos libros anteriores, la brevedad. Pero la novela, a pesar de ser corta, me tomó más tiempo porque es el resultado de un proceso agotador. Cada que vez que me sentaba frente a la pantalla era como encender otro cartucho de dinamita emocional. Más de una vez llegué a resentir su escritura porque me dejaba vacío y avivaba esa depresión que siempre trato de mantener en estado latente. Además, la figura del escritor torturado que sufre por su oficio, salvo contadísimas ocasiones, siempre me ha parecido digna de escarnio. Es una pose demasiado romántico-humanista, el producto de cientos de obras plásticas inoculado en la psique colectiva. Escribo porque escribir me da placer.

También en relación con tus dos libros anteriores que presentan situaciones más violentas en sus anécdotas, ¿crees que el tema de Esquirlas, vinculado fuertemente a tu biografía, hizo que tu voz sonara más vulnerable?

 Esquirlas muestra mi lado vulnerable, sí, pero lo hace por su naturaleza autobiográfica. Y disfruté mucho el proceso, a pesar de que fue uno tan difícil. Además de ese libro, en los últimos años he trabajado en una especie de tríptico autobiográfico de tono confesional en torno a mis años de infancia, pubertad y adolescencia. La mayor parte de lo que hasta el día de hoy he publicado está escrito en tercera persona. He reservado la primera persona porque es la que encapsula esta vulnerabilidad que mencionas y eso, a partes iguales, me emociona y hace que me sienta muy nervioso. Mostrar tu verdadera naturaleza, aunque sea grotesca o risible, es un placer muy subestimado en la literatura mexicana.

¡Gracias, Luis!

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Busca la novela en:  www. 27editores.com