Certeza matemática

El hombre sigue la ruta señalada en los letreros iluminados que cuelgan del plafón para encontrar el departamento de caballeros. Lleva puesto un traje blanco. La camisa, los zapatos, el cinturón y la corbata son del mismo color. Tiene un tumor maligno en la cabeza, del tamaño de un chícharo, alojado entre la glándula pituitaria y el hipotálamo. Se lo diagnosticaron hace un par de semanas, pero eligió no someterse al procedimiento quirúrgico recomendado por su oncólogo para extirpárselo. Le pronosticaron seis meses de vida, quizá ocho, pero podrían ser dos, no es fácil determinarlo, confesó el médico. En la sección de caballeros llama su atención un sombrero que decora la cabeza de un maniquí en el interior de un mostrador de cristal. Solicita a una de las empleadas que por favor se lo muestre. La señorita lo toma con delicadeza y se lo ofrece al hombre del tumor, quien se lo prueba con sumo cuidado, como si se tratara de una corona de espinas. El sombrero, estilo Fedora, es de fieltro de lana blanco y corona de forma triangular. Tiene un listón de seda, también blanco, que rodea el perímetro donde la corona y el ala se intersectan. El hombre, de pie frente a un espejo situado sobre el mostrador, ajusta la posición del sombrero hasta quedar satisfecho y decide comprarlo. Pide a la señorita que retire la etiqueta porque quiere dejárselo puesto. Si pudiera dibujarse una línea imaginaria entre la pared interior del sombrero y el tumor maligno, ésta sería de aproximadamente siete centímetros de longitud.

(Este texto forma parte del libro 'Mala fe sensacional', publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro en 2010).